Pajarito

28 de mayo de 2012

Cap. 64 Congelados.

La forma en que lo dijo me hizo sentir como si dejara caer un piano sobre mi cabeza. Casi escupí la comida de la boca cuando escuché aquel nombre.
Sabía que mis amigas seguían en contacto con los chicos ya que iban al mismo instituto y Talia continuaba saliendo con Matt. Pero normalmente, a no ser que yo preguntara sobre el estado de él y su familia, Leah y yo siempre evadíamos inconscientemente aquel nombre.
« ¿Y ahora me lo nombra? ¿Y diciéndome que está enamorada de él? Bien.» Dejé mis tallarines a un lado y miré a Leah. Sin comprender muy bien por qué, se me había revuelto el estómago.
Intenté aclarar mis ideas y definir lo que sentía en ese momento antes de abrir la boca. El shock inicial me había sorprendido demasiado. «Leah y Sean, me repetía. Leah y Sean. Leah y Sean.» Dios, cada vez que lo pensaba me sonaba más extraño. Pero, entonces, recordé la mirada en el rostro de mi amiga cuando intentaba hablarme de él. Todo se tornó  claro y cristalino para mí en ese instante.

-          Me siento ofendida – proclamé.
-          ¡Sabía que no te lo tomarías bien! Quizás era mej…
-          Para – la interrumpí –. Me siento ofendida porque pienses que me enfadaría y porque tengas miedo de mí. ¡Soy tu mejor amiga, Leah! Ni que no me conocieras.
-          Entonces, ¿no te importa? ¿No estás enfada ni molesta?
-          Claro que no, tonta. Hombre, es un poco raro pensarlo. ¡Y admito que me has pillado por sorpresa! Pero claro que no me importa.
Se abalanzó de nuevo sobre mí y esta vez me estrujó entre sus brazos. Me regaló un sonoro beso en la mejilla mientras yo fingía una arcada consiguiendo un empujón en el hombro.
-          Lástima que yo sea invisible para él.


Me di una ducha fría para quitarme la sal adherida a mi piel y la arena que se escondía entre los dedos de mis pies. De algún modo también esperaba que se colara por el desagüe de la ducha aquel sentimiento de incomodidad que se había instalado en algún lugar de mi ser. Intentaba convencerme a mí misma de que era estúpido. Mi mente viajó de nuevo a tres años atrás, en aquel parque bajo el árbol de hoja caduca. Todavía recordaba con claridad las palabras de Sean y como me había sorprendido resultando ser en ese momento mucho mejor persona que yo. Aquel último abrazo. Abrazo. Habíamos acabado relativamente bien. Nos despedimos con un abrazo y un beso. No debería de importarme verlo con Leah de ahora en adelante, ¿no? Me sentiría feliz solo con que ella lo fuera, pero la sensación de incomodidad no desaparecía. «Supongo que es lo que tienen los ex novios.»
Me vestí con una camisa ligera floreada y unos shorts negros y altos. Me costó unos minutos más decantarme entre varios pares de zapatos y dejé mi pelo suelto y libre. Sin molestarme en maquillarme y con unas grandes y oscuras gafas de sol me precipité hacia Shanna en dirección al estudio. Ni siquiera había hablado con Abigail desde lo ocurrido y no tenía ni idea de lo que iba a decirle a Marc. Esperaba que estuviera allí y no en su apartamento individual – odiaba ese edificio oscuro, su portero siempre me miraba mal y me intimidaba –.
Entré en la edificación y me acerqué al mostrador de recepción.
-          Hola, Mary. ¿Está Marc?
Aquella chica rubia y con gafas de expresión agradable me sonrió.
-          Está en su despacho. No ha salido ni para comer, Sara. Me ha dicho que no admita visitas ni llamadas.
-          Ya. Gracias, Mary – dije mientras me encaminaba hacia el ascensor.
-          Debo suponer que vas al baño, ¿verdad? – me guiñó un ojo.
-          Exacto.
Me colé en un ascensor repleto de gente y aquel silencio lleno de extraños me hizo sentir como si estuviera en el videoclip de Ours. Tuve la tentación de ponerme a cantar allí mismo, pero la reprimí con una sonrisa. Salí del ascensor y esa sonrisa se esfumó en cuanto me situé frente a la puerta de Marc. Actuaba en escenarios delante de miles de personas y no era capaz de acercarme a esa puerta sin que me sudaran las manos. Me las intenté secar en los shorts y con el puño firmemente cerrado golpeé la puerta.
-          ¡Creí haber dicho que no aceptaba visitas! – Escuché la voz de mi manager gritar desde dentro.
Abrí la puerta y con paso firme caminé hacia él. Andaba con la cabeza firme, pero intentando evitar sus ojos. Cuando los alcé percibí que su expresión impenetrable parecía ligeramente sorprendida esta vez.  «Muy bien, ¿y ahora? Debería haberme preparado esto. »
-          Hola.
«Gran frase, Sara. Sí señora. Un momento, ni siquiera tiene verbo para que pueda considerarse una frase.»
-          ¿Cómo estás?
«Oh sí, esa sí. Dios, eres idiota, Sara. Di algo, pareces Homer Simpson pensando.»
Él continuaba sin despegar los labios. Tan solo me miraba.
-          Lo siento – solté en un suspiro.
Entonces él hizo algo que hizo que mi expresión fuera la sorprendida. Se levantó, se acercó a mí y me abrazó.
« ¿Qué? ¿Dónde está mi manager gruñón? ¡Devolvédmelo alienígenas chupa-cerebros!»
Sin embargo, no pude evitar corresponderle y acurrucarme en sus grandes brazos.
No podía imaginarme mi vida actual sin Marc. A pesar de que fuera humano y cometiera errores, él era la única figura paterna que tenía cerca y eso sin pensar cuánto le debía.
Él me besó la cabeza – cosa que solo hacía en contadas ocasiones cuando estaba extremadamente feliz o quería darme ánimos – y me liberó.
-          Lo siento, Sara. Yo… no debí haberte dicho esas cosas ni haberte obligado a hacer nada que tú no quisieras. Pero solo quería lo mejor para ti.
-          Lo sé – le sonreír –. Tan solo prométeme que no tengo que volver a mentir.
Él asintió.
-          Desde que te fuiste esta mañana lo he pensado, y me he pasado todo el día intentando contactar con el representante de Birewood.
-          ¿Y? ¿Lo conseguiste?
-          Sí, así que la otra parte del día me lo he pasado intentando romper el acuerdo.
-          ¿Conclusión? – dije esperanzada.
-          Tú y Jason habéis roto.
Salté con un grito agudo y abracé de nuevo a Marc. Le pellizqué de las mejillas y le dije:
-          ¿Quién tiene el mejo manager del mundo?
-          Ya, vale. Sin pasarse – dijo divertido alejándose de mí.
Liberé una risotada.
-          Me voy a hablar con Aby.
-          Vale. Recuerda que mañana tienes ensayo con Jenna.
Llegué a casa y mi tutora ya estaba allí. Me disculpé por no haber hablado con ella en todo el día y le conté cómo me había reconciliado con Loosle.
Me acosté después de un día agotador y dormirme me costó menos segundos de lo normal.
Al despertarme lo primero que pensé, como de costumbre fue en Lucas. Cogí mi teléfono móvil y tenía varias perdidas de ayer de él. «Soy una novia horrible. » Tras arreglarme y beberme un café me subí a Shanna y conduje hacia el taller de Lucas. Creo que había pasado varías veces enfrente de él pero nunca había entrado allí. Bajé de mi coche y caminé sin pensar muy bien lo que hacía. Tan solo irradiaba felicidad, ahora todo mismo en mi vida iba perfecto. Y necesitaba contárselo a Lucas, y que me besara y me besara y me besara. Entré en aquel espacioso y mugriento local, y visualicé a mi novio junto a otro chico perdido bajo el capó de un coche.
-          ¿Por qué no me habías dicho lo sexy que estás con ese mono? Hubiera venido más veces a visitarte – bromeé para que se girara a verme.
Inmediatamente lo hizo con su mirada iluminada y se acercó hacia mí con ese andar atractivo y seguro que tenía. Me sentí extasiada en cuanto pude saborear su lengua.
-          Oh – se separó un poco de mí -. Quiero presentarte a alguien, Sara – dijo apartándose para permitir que mi vista visualizara a aquel segundo chico.
Mis latidos se congelaron en cuanto me topé con esa familiar mirada chocolate que me penetraba. Parecía tan congelado en ese momento como yo. Un centenar de recuerdos se arremolinaron en mi mente en ese instante y sentí un escalofrío. Tan solo no podía creerlo.
-          Este es…
Lo interrumpí mientras mi voz sonaba como un sollozo ahogado. Como si no supiera quién era.
-          Sean.


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Queridísimas grandes personitas que leen,
Me desbordan los exámenes. Tengo ganas de verano, de poder leer, escribir y tener una vida social completa.
Bueno, centrémonos. Segundo capítulo que acaba con "Sean" jejeje. Ojalá os gustara y disfrutaráis con mis palabras. ¡Hacedmelo saber!
Oh. ¡Súper cap de "No Me Olvides"! Estáis todas bienvenidas, grandes personitas.
Por cierto, ¿sabéis que conocí a Laura Gallego en la Feria del Libro después de hacer una cola de hora y media? Le dije "mi sueño es lograr escribir algún día como tú" y contestó "pues espero que tus sueños se hagan realidad" y me sonrió. Y me firmó uno de sus libros (Finis Mundi, maravilloso y muy recomendable) y nos hicimos una foto (si queréis verlo avisad y la adjunto al siguiente cap). Me marché con lágrimas de felicidad. Lo sé, las adolescentes normales tienen estas reacciones con superestrellas famosas. Así soy yo, orgullosamente anormal (o con fuerte personalidad como me gusta decir jajaja). Ok, no. Solo loca.
Muchísimas gracias a todas las lectoras que comentan y hacen mis sueños realidad. Sois tan ajsghdhagusdgbayusgdaysdnahjsd. Millones de gracias, me dáis la fuerza para no rendirme.
¡No me olvides!
A estudiar,

Sara L

2 de mayo de 2012

Cap. 63 En quien piensa.

-          Joder, me tengo que ir a trabajar en diez minutos – se quejó Lucas mirando el reloj –. No pasa nada. Puedo llamar y decir que estoy malo.
-          No, Lucas. Da igual. Estoy bien. Llamaré a Leah y saldremos por ahí.
-          ¿Estás segura?
Asentí ofreciéndole la sonrisa más tranquilizadora que tenía. Él me besó la frente, los parpados, las mejillas, y finalmente los labios.
-          ¿Sabes que te quiero? – me susurró al oído.
-          Me hago una idea – sonreí mientras me mordía el labio inferior – Voy a llamar a Leah.
Él se levantó del sofá y se pasó la mano por su pelo rebelde.
-          Yo iré a vestirme. Aunque puedes acompañarme si quieres – dijo levantando las cejas repetidamente.
-          Mejor no. Si fuera, luego no te dejaría irte a trabajar...
Pulsé el número 4 de mi móvil y automáticamente llamó a Leah. Cuatro tonos después sonó una voz adormilada al otro lado de la línea, pulsé el manos-libres y me tumbé en el sofá con el móvil sobre mi pecho.
-          Estás loca. ¿Qué haces llamándome tan pronto? ¿Te recuerdo que estamos en verano? ¡Quiero dormir hasta medio día! – sonaba ronca.
-          Buenos días, amiga – contrasté radiante –. Ahora que ya te has despertado – escuché un gruñido –, ¿te vienes a dar una vuelta? Así hablamos.
-          Vale, vale. Espero que tengas algo interesante que contarme para haberme despertado. ¿Cuál es el plan?
-          No hay plan. ¿Compras?
-          Sabes que no puedo negarme. ¿Me visto y te recojo?
-          No estoy en casa, te recojo yo con Shanna.
-          Nunca me acostumbraré. El hecho de que le pongas nombre a tu coche me sigue pareciendo escalofriante.
-          ¿No te lo he dicho? También se lo he puesto al tuyo. Se llama Donald – sonreí satisfecha a pesar de saber que no podía verme.
-          Ah, ¿o sea que tu coche tiene nombre de superhéroe y el mío de pato?
-          ¡No es solo un nombre de pato! – repliqué.
-          Pues pienso cambiárselo, que lo sepas. ¿Qué tal Taranee?
-          ¿Nombre de chica? Tu coche es claramente masculino, Leah.
-          ¡Mi coche no es masculino en absoluto!
-          Y, espera… ¿Has sacado el nombre de las Witch?
-          Sí. ¿Qué pasa? – contestó a la defensiva –. ¡Me encantaban de pequeña!
Entonces me percaté de que Lucas estaba escuchando la conversación apoyado en el marco de la puerta, mirándome como si fuera una lunática. Sacudió la cabeza y dijo:
-          Y yo nunca me acostumbraré a vuestras conversaciones. Estáis locas… ¡Locas!
Sonreí y se escuchó a Leah gritar por el teléfono.
-          ¿Ese es Lucas? ¿Qué hacíais, eh? ¿Eh? ¿Eh?
-          Muy bien, guapa – la corté –. ¡Te recojo en quince minutos! – le di un beso al micrófono del teléfono y colgué.
Me levanté y me dirigí a la puerta. Tan solo tuve que depositar mi mano sobre el pomo de esta cuando noté la dulce respiración de él a mi espalda. Sus manos me rodearon la cintura y yo me di la vuelta enfrentando sus sobrenaturales ojos.
-          Gracias  por todo – dije en casi un suspiro acercándome más y más a su boca.

Con el rostro lo más oculto posible bajo los mechones de pelo y unas gafas grandes y oscuras me apresuré hacia Shanna. Conduje hasta llegar a nuestro tranquilo barrio y me introduje en la calle de mi amiga, donde un par de personas paseaban sus respectivos acicalados perros. No hizo falta que bajara del coche, porque ella salió de casa dos minutos después. Reconocí su camiseta favorita, que le llegaba por el ombligo acabando en flecos y decía “Nerdvana” junto a una carita con gafas, con unos pantalones cortos ajustados y unos tacones de plataforma. Subió al coche y yo me quité las gafas para darnos nuestro habitual beso en la mejilla.
-          Dios. Tienes un aspecto horrible. ¿Qué ha pasado?
Suspiré.
-          Mejor vayamos a un Starbucks y te lo cuento con café en mis venas.
Estacionamos a Shanna y poco después nos sentamos en el rincón más apartado posible de la cafetería. Me dejé llevar, como siempre sabía que podía hacer con mi mejor amiga, y le relaté todo lo ocurrido hace unas horas.
-          No me puedo creer que Marc te dijera eso. ¿Qué piensas hacer ahora? Quiero decir, es tu manager o lo que sea. ¿Lo despedirás?
-          ¿Despedirlo?
No me había planteado ni siquiera esa opción. Por mucho que me hubieran dolido las palabras de mi representante, era él quien había creído en mí desde el principio. Me había apoyado cuando las aguas se veían turbulentas y gracias a él hoy estaba donde estaba. A pesar de todo, me resultaba impensable mi vida en este complicado mundo en el que había entrado sin Marc.
-          Creo que deberías hablar con él lo antes posibles – me aconsejó Leah.
-          Ya lo sé. Tengo como tres llamadas perdidas de él y otras cincuenta mil de Aby. Le enviaré un mensaje a ella y luego iré a hablar con él. Pero después de que  sacudamos el centro comercial. ¡Necesito un bañador nuevo!
-          Me parece perfecto, chica – dijo mientras daba un nuevo mordisco a su galleta gigante –. Bueno, ¿qué tal con Lucas? Con que en su casa por la mañana, ¿eh?
-          No es lo que piensas. Después de la discusión fui a refugiarme en él.
-          Hacéis una pareja muy cuqui – comentó –. Además me gusta, es muy majo. Y tiene un pelo increíble…
-          Exacto. Me fijé en él por su pelo, claramente – dije irónica sonriendo–. Me alegra que te guste, aunque solo os habéis visto una vez.
-          Lo sé. Pero yo tengo como un sexto sentido que reconoce qué personas valen la pena y cuáles no. Por ejemplo, cuando nos conocimos no estaba muy segura con esas pintas de zorra que tenías, pero mi sexto sentido me dijo que podrías ser una buena amiga – explicó como si estuviera relatando una ley física.
-          Eres una idiota – la acusé mientras reía y la despeinaba.
Dejamos la cafetería sin dejar de reír y comenzamos con las tiendas. No había nada mejor cuando empezabas mal el día que irte de compras con tu mejor amiga. Como cuando estaba con Lucas, ya ni pensaba en lo ocurrido esta mañana.
Después de más de dos horas decidimos recoger algo de comida para llevar y, ya que hacía un día tremendamente caluroso, ir a comer a la playa dispuestas a estrenar nuestros nuevos bikinis.
Nos establecimos en nuestro lugar favorito, a la sombra y apartado del resto, y mientras comíamos pude notar como el rostro de Leah cambiaba observando el horizonte.
-          ¿Leah? ¿Se puede saber a qué profesora de matemáticas has visto en bañador?
-          ¿Qué? – dijo ella volviendo a la Tierra –. Oh, sí. Tal vez.
Solté una pequeña risotada.
-          ¿En qué piensas? – la cara se me iluminó –. Un momento, conozco esa expresión. ¿En quién piensas?
-          Tengo miedo, amiga – dijo trágica lanzándose a mis brazos.
-          ¿Se puede saber qué pasa?
-          Creo que me gusta alguien – sentenció con un mueca amarga.
-          Oh, no. ¡El fin del mundo! – dramaticé con notable ironía.
Ella me fusiló con la mirada.
-          Vale, perdón – me corregí –. Cuéntame.
-          Es que últimamente no dejo de darle vueltas. De verdad, creo que… No, no creo: estoy segura de que me gusta alguien. ¡Y tengo miedo!
Ella comenzó a juguetear con su pelo negro y liso.
-          Leah, no es la primera vez que te gusta un chico.
-          Es que él en tan perfecto… Nunca había pensado en él de este modo, pero últimamente… No sé qué me pasa.
-          Te estás enamorando – arqueé una ceja.
-          Yo no me enamoro.
Movió una mano como si fuera una idea completamente absurda.
-          Entonces dime por qué te estás sonrojando y tienes esa mirada mientras me hablas de él.
-          ¡Ahora sí que tengo miedo!
-          ¿De qué vas a tener miedo, Leah?
-          Primero y obvio, de enamorarme. Segundo, de que estoy segura de que él no me ve más que una amiga. Tercero, de ti.
-          ¿De mí? – inquirí confundida.
-          Sí.
-          Leah, creo que te ha dado una insolación. ¡¿Por qué?!
-          Es que… ¿Quieres saber quién es él? – preguntó vulnerable.
-          Por favor, dime que no es mi novio.
-          Oh, no. No es tu novio.
-          ¿Entonces? – pregunté nerviosa.
-          Es Sean.







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Queridísimas grandes personitas que leen,
¿Cómo os ha ido la semana y el puente? Espero que genial ya que estoy seguro de que lo merecéis.
Bueno, de nuevo retraso al publicar (me estoy riñendo a mí misma), de nuevo capítulo largo. Ojalá os haya gustado y no haya dejado indiferente a nadie.

El próximo cap ya lo tengo prácticamente escrito, así que lo pronto que lo suba depende principalmente de vuestro apoyo y comentarios (no quiero tener la impresión de que subo para nadie...). ¿Os parece bien? (:
Gracias por todo como siempre a aquellas grandes personitas que siempre me hacen inmensamente feliz con sus hermosas palabras. Sé que os debo muchísimo y espero algún día poder compensaros a lo grande.

Si tenía algo más que decir, no me acuerdo, sinceramente.
Portaos bien o simplemente no hagáis nada que yo no haría,

Sara L 

16 de abril de 2012

Cap. 62 Y el tornado se desata.

POV Sara
Por un instante toda la sangre se esfumó de mi rostro. Debería estar pálida como la leche merengada sin canela a pesar de todo aquel maquillaje asfixiante. Vale, tenía que admitir que aquello me pilló por sorpresa. Aquello no estaba en mis planes. Tan solo con pensar en las consecuencias de esa maldita fotografía me entraban náuseas. ¿Qué se suponía que debía hacer?
Me fijé detalladamente en la foto albergando una pizca de esperanza de encontrar algo que pudiera salvarme. La imagen mostraba mi rostro claramente.
«Mierda.» Yo estaba acurrucada en el sofá con la cabeza apoyada en su pecho. Siguiente paso: Lucas. Sentí como aquella nube negra se disipaba para dejar pasar un rayo de luz cuando vi que el rostro de Lucas apenas podía diferenciarse. La fotografía había sido tomada desde un ángulo no muy recomendable y desde lejos. Se notaba dado que la distancia le había obligado a abusar de zoom,  lo que hacía la imagen de una calidad bastante baja. Se veía un borrón negro – la cabeza de Lucas mirando hacia abajo, a mis ojos – y sus manos cogiendo las mías.
Podría haber afirmado que ese chico en el sofá era Jason, si no fuera porque su pelo era rubio– como Pikachu – y claro, y el de Lucas era oscuro como el carbón.
-          ¿Sara? – me sacó de mis pensamientos la presentadora, la cual ya me parecía una impertinente.
-          Oh. ¿Y qué pasa con la imagen? – pregunté con fingida inocencia.
-          Apenas se había confirmado realmente tu relación con Jason cuando hace unas horas apareció esta fotografía por internet. Ya se rumorea que “le has puesto los cuernos” a Jason con ese supuesto amante.
Solté una risita cínica como si aquello fuera lo más estúpido del mundo – cuando en realidad lo era el chico que tenía al lado –. 
-          Pero, yo – prosiguió fingiendo ser amigable – quería que tú misma nos desmintieras la noticia y nos aclararas todo esto antes de que se rumorearan cosas peores.
-          Gracias, Haley – expresé cuando en realidad tenía ganas de darle una bofetada, todo aquello parecía divertirle –. Por supuesto que no le he puesto los cuernos a Jason. Sería incapaz de hacer algo así. Pero bueno, ya sabemos cómo es la prensa – dije con una sonrisa tan falsa como su nariz – y como son los rumores. Sacan cualquier situación e imagen de contexto.
-          Entonces, ¿podrías explicárnosla, por favor? Estamos todos expectantes en saber quién es ese chico y qué hacía contigo.
Tan expectantes como yo. «Vamos, cerebrito. ¡Empléate! No puedes servir solo para escribir canciones. »

-          Ése no es ningún amante. ¡Es mi padre!
Para ser lo primero que se me había ocurrido no estaba tan mal. O al menos de eso intentaba convencerme a mí misma.
-          Vino a visitarme hace un par de días. Quería que se mantuviera en secreto para que la prensa no lo agobiara y pudiéramos disfrutar de unos días normales padre e hija.
-          Oh, ¡qué tierno! – Expresó la señora intentando disimular su evidente decepción–. ¿Y por qué os visteis en ese piso y no en tu enorme casa?
«Zorra.» No me lo estaba poniendo nada fácil. Mi imaginación volaba a velocidad supersónica.
-          ¿No es obvio? Como he dicho antes – remarqué –, quería mantenerlo en secreto y en la puerta de mi casa siempre hay alguien de la prensa.
-          Entiendo.
-          Así que ahora que me he visto obligada a revelarlo – improvisé mirando a una de las cámaras –, me gustaría pedir que por favor se respetara la intimidad entre mi familia y yo para poder disfrutar de estos pocos días que tenemos juntos.
-          Sí, imagino que a veces el no tener intimidad debe de ser horrible. ¿Y le has presentado ya a Jason a tus padres?
«Zorra hipócrita.»
-          Pues, mi querida Haley, es algo que aún tenemos pendiente – agarré la mano del rubio, el cual estaba un poco desplazado, mientras hablaba –, ¿verdad, cariño?
-          Sí, sí – intervino –. Tampoco queremos anticiparnos. Quizá todavía es un poco pronto en nuestra relación. Llevamos pocos meses.
-          ¿Pero vuestro amor no es puro? – interrumpió la mujer –. ¡Entonces nunca es pronto!
Ahora tenía ganas de arrancarle las extensiones con los dientes. Uh, me estaba volviendo muy sádica. 
-          Oh, por favor, Haley – llegué a salvar la situación… de nuevo –. Nos queremos, pero todos sabemos que este es el mundo real y no un cuento de hadas. Somos personas maduras y queremos esperar un poco más antes de dar un paso tan importante. Aunque estoy segura de que será muy pronto – sonreí a mi “novio”.
-          De lo que yo estoy segura es de que hacéis una pareja preciosa. Y, lo siento, pero se nos agota el tiempo, chicos. Muchas gracias por haber venido a mostrarnos vuestro amor y haber compartido una genial velada con todos nosotros. Estáis invitados a volver cuando queráis.
«Es decir, nunca.»

Salí del plató y lo primero que vi fue el semblante molesto de Marc.
-          No. – dije alzando un dedo, callándolo, en cuanto vi que abría la boca para replicarme.
Me metí en mi camerino y me tumbé boca abajo en el sofá de este. A los dos minutos entró Aby y alcé la cabeza para mirarla.
-          No quiero decir te lo dije, así que diré “te lo advertí”. Sabías el riesgo que corrías, ¿verdad? – asentí –. Y sabes que ahora vas a tener que comerte la bronca de Marc, ¿verdad? –asentí de nuevo –. Pues, buena suerte. Y ni se te ocurra decirle que yo lo sabía.
En cuanto Aby dejó la habitación apareció mi querido manager con su corbata raramente aflojada.
-           Mañana a primera hora en mi despacho.
Y tal como entró, salió.
Sábado por la mañana. Sábado desperdiciado. Marc Loosle me esperaba en su despacho y yo no quería enfrentarme a lo que eso suponía. Sin embargo, no me quedaba más remedio y decidí ser madura y enfrentarme a las consecuencias de mis actos.
No estaba asustada. O al menos, eso me decía a mí misma mientras entraba a aquella conocida habitación junto a Abigail.
Mi representante me miró mientras caminaba hacia él y se echó las manos a la cara. Abigail se sentó en una silla junto al escritorio y no abrió la boca durante toda la conversación.
-          Buenas días – dije intentando sonreír.
-          Te… - dijo él intentando tranquilizarse – Te das cuenta de lo que has hecho, ¿verdad? ¿Te das cuenta de lo que podía haber pasado?
Directo al grano, tal y como era Marc.
Yo me limité a asentir mientras fijaba mis ojos chocolate en sus ojos oscuros.
-          Te pedí que dejaras de verle. Te avisé que algo así podía pasar. ¿Y qué hiciste tú? Ignorarme, como siempre. No sé que me molesta más: el hecho de que casi arruinaras el acuerdo y todo esto, o el hecho de que me desobedecieras y me ignoraras.  De hecho, sí que lo sé. ¿Tan poco te importa lo que te dicen? – Nunca lo había visto tan enfadado. Nunca.
-          No es eso, Marc.
-          ¿Y no piensas ni siquiera disculparte? – dijo exasperado –. ¿Sabes los problemas que has causado con Birewood? ¡Dios, pasaste de mí!  Y ni siquiera te molestas en fingir que estás arrepentida.
Oh, oh. El tornado se desata.
-          Es que no estoy arrepentida, en absoluto – mi tono de voz se adecuó al suyo –.Y por supuesto que no me voy a disculpar. No creo que haya hecho nada malo.
-          Me preocupo por ti y… ¡Solo eres una niña malcriada y egoísta! – su voz retumbó por toda la estancia.
-          No te atrevas a insultarme – grité, perdiendo el control, mientras lo señalaba–. ¿Te preocupas por mí? Si te preocuparas por mí no pondrías inconveniente en que estuviera con la persona a la que amo. ¿Y me llamas a mí egoísta? ¿Quién es el que solo está pensando en sus negocios aquí? Dinero, dinero, dinero. Eso es todo lo que pasa por tu mente. ¿Sabes? ¡Estoy harta! Estoy harta de este mundo falso y de mentir. De mentir a las personas que me apoyan y que me han hecho llegar hasta aquí. No sé tú, pero yo eso no lo considero nada egoísta. Y, ¿sabes? No quiero seguir con nada de esto. No quiero conseguir éxito así, creando polémica o saliendo con estúpidos cantantes, a los que como a ti, solo les importa la fama y el dinero. Quiero hacerlo por mí misma, por mis letras, por mi voz, por hacer bien lo que hago. De hecho, me da igual lo que me digas. Voy a seguir mis propios principios y creencias porque estoy harta de ser tu marioneta, Marc.
Me di media vuelta y caminé lo más rápido posible fuera de esa habitación. Estaba furiosa, colérica. Salí del edificio ignorando los saludos de la gente y corrí. Conforme corría la rabia que sentía se materializaba poco a poco en lágrimas impetuosas que iban desbordando mis ojos.
Continué corriendo sabiendo exactamente a dónde me dirigía.
El patio de Lucas estaba abierto y subí a trompicones las escaleras. Aporreé su puerta hasta que finalmente la abrió y apareció despeinado y sin camisa al otro lado del umbral. Era temprano y probablemente lo habría despertado, pero en ese momento no era capaz de razonar. Pasé de golpear su puerta a golpearlo a él. Me desahogué por unos instantes dándole puñetazos a sus fuertes pectorales mientras intentaba no ahogarme con las lágrimas. Él simplemente no preguntó. No dijo una palabra.
Dejó que le pegara – a penas parecía notar mis golpes – y a continuación me abrazó. Me besó la cabeza mientras yo lloraba entre sus brazos. Me arrastró hacia el sofá mientras cerraba las cortinas. Me sentó junto a él, apartó el pelo de mi cara y me limpió las lágrimas. Me tomó de la barbilla y la alzó hasta que me encontré con aquel familiar mar esmeralda. Se acercó lentamente y me dio un suave y tierno beso.
No podía explicarlo. Él parecía tener una capacidad sobrenatural para tranquilizarme. Para hacerme sentir serena y segura de nuevo. Y sin mediar una palabra. No sé cómo, pero él parecía saber exactamente lo que necesitaba, sabía qué hacer en cada momento.
-          No es justo… – sollocé –. Estoy harta, Lucas. No podía soportarlo más.
-          Vi lo de anoche.
-          Y no acabas de ver a Marc. Nunca me había gritado así. Me ha llamado niña egoísta y malcriada y…
-          Sssh – me silenció Lucas viendo que mi respiración se volvía dificultosa de nuevo.
-          Yo tampoco le había gritado así. Nunca – susurré después de esperar unos segundos a tranquilizarme –. No sé qué va a pasar ahora. Le he gritado que solo pensaba en el dinero y que estaba harta de ser su marioneta. A parte de muchas otras cosas…
-          Sara, te has enfrentado a algo en lo que no creías. Ha sido un acto muy verdadero y valiente por tu parte – me besó la frente –. Ahora, olvídate de lo que pasará por unos instantes.
Me acarició la cara subiendo desde mi mandíbula hasta la mejilla. Sus ojos se veían tan iluminados cada vez que me miraba que siempre hacía que me derritiera por dentro.
No sé cómo, en su kit de “capacidades sobrenaturales”, también tenía la de hacerme sonreír incluso en los peores momentos.




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Queridísimas grandes personitas que leen,
¡Capítulo largo! En cierto modo, es como una disculpa por el retraso al subir sufrido por mi viaje inolvidable a Italia. En realidad, simplemente me puse a escribir y, como me suele pasar, me metí en mi mundo y cuando me di cuenta era más largo de lo habitual. Pero decidí no cortarlo, así que solo espero que os haya gustado y que hayáis disfrutado leyendo.
No os imagináis como ansío llegar algún día a ser escritora... Quizás es porque me da por ponerme melancólica a las 2:25 am, pero necesitaba escribirlo.
Me iré a dormir y a soñar con maravillosos comentarios vuestros  espero que al menos ese sueño se haga realidad jiji –.
Gracias por todo el apoyo que me regaláis. Por esa fuerza. Ni podéis imaginar cuánto significa para una soñadora aspirante a escritora como yo.


Sara L.